
¿Cómo funciona un fideicomiso?

El funcionamiento de un fideicomiso se basa en un acuerdo legal que define quién aporta los recursos, quién los administra y quién recibe los beneficios. Todo queda establecido desde el inicio mediante un contrato fiduciario.
Primero, el fideicomitente (persona o empresa) transfiere bienes o recursos al fideicomiso. Estos pueden ser dinero, activos o derechos derivados de un proyecto. A partir de ese momento, esos recursos dejan de formar parte directa de su patrimonio operativo y pasan a estar bajo la administración del fiduciario.
Luego interviene el fiduciario, que suele ser un banco o institución financiera regulada. Su función es administrar esos recursos de forma independiente, cumpliendo estrictamente las reglas establecidas en el contrato del fideicomiso. No decide arbitrariamente cómo usar el dinero, sino que ejecuta lo pactado: recibir ingresos, pagar gastos autorizados y distribuir los rendimientos según corresponda.
Los beneficiarios son quienes reciben los resultados del fideicomiso, ya sea en forma de rendimientos, pagos periódicos o cumplimiento del objetivo del proyecto. Todo se realiza a través del propio fideicomiso, no desde la empresa operativa, lo que garantiza orden y trazabilidad.
En la práctica, el fideicomiso funciona como un “circuito financiero controlado”: recibe los ingresos del proyecto, administra los gastos bajo reglas claras y distribuye los resultados conforme a un contrato previamente definido.
Este modelo permite que los flujos de dinero estén separados de la operación diaria, reduciendo riesgos, aumentando la transparencia y asegurando que cada recurso se utilice únicamente para el fin establecido.






